
Ser dueño de tu propio poder, tu poder de ser auténtico, de ser quien realmente eres, trata de hecho de apropiarte de tu libertad. De muchas maneras, has cedido tu poder y/o libertad por tu forma de hablar, de pensar, de ser.
Por ejemplo, cuando dices o piensas algo como “esa persona me hace enfadar”, has cedido tu poder de decidir si estar o no enfadado, a esa persona. Has dicho que no tienes poder, y que esa persona tiene el poder de decidir...